¿De dónde viene el deseo de pintar?

¿De dónde viene el deseo de pintar? El acto de crear como eco de lo Sagrado

Para entender el origen de el deseo de pintar, debemos retroceder al inicio de todo. Como explica Michael Pesaj Portnaar, antes de la existencia del Universo, solo había Luz por todas partes. No existía la escasez ni el lugar para nada más; todo era Perfección y Completitud.

Sin embargo, en esa plenitud, la Luz tuvo un deseo: crear algo para dar a conocer Sus cualidades.

La Ley de Semejanza: Crear para Comprender

Portnaar nos enseña un principio vital: solo cuando tienes las mismas cualidades que algo, puedes experimentarlas y hacerlas parte de ti. Solo cuando haces algo por ti mismo, llegas a comprenderlo. La Luz no quiere «esclavos» de Su instrucción, sino seres que llegaran a ser libres e independientes como Él. Este es el origen de nuestra relación con lo sagrado: la capacidad de atraer esa Luz de Bondad a través de nuestras acciones. Cuando actuamos desde nuestra esencia, «atraemos» la fuerza más elevada hacia este mundo.

El Taller: Un Microcosmos de la Creación

Este mismo principio es el que rige la Expresión Creadora. Cuando una persona se sitúa frente al papel o el trozo de arcilla, no está realizando una actividad manual; está repitiendo el proceso mismo de la Creación.

  • La trampa de la instrucción externa: A menudo, el sistema educativo ha perdido el verdadero significado de «educar» desde dentro y lo que hace es «instruir» desde fuera. Pero, siguiendo el principio de Portnaar, la instrucción externa no sirve de nada si no hay un deseo de tener una experiencia interna. La experiencia del deseo real no se recibe, se genera mediante la acción propia.
  • El mecanismo de la Psicobiología: Cuando un niño empieza a experimentar la Expresión Creadora, está siguiendo la forma natural de su psicobiología. Está activando su capacidad de ser semejante a esa Luz original, creando desde su propia necesidad, no por mandato externo.

Proteger el Mecanismo Espiritual

El mayor peligro para el ser humano es la intervención.

Cada vez que un adulto interviene en el proceso creativo de un niño —diciéndole qué pintar, cómo corregir o qué técnica usar— está cortando el circuito espiritual. En ese momento, el niño deja de «experimentar desde sí mismo» (y por tanto, de comprender) para pasar a ser «instruido desde fuera por otros».

«Cuando se interviene, se rompe el flujo natural. El mecanismo espiritual se detiene para dar paso a la obediencia cultural».

Después, cuando ese niño crece y se convierte en un adulto que busca reencontrarse con su propósito, le costará mucho más volver a poner en marcha ese motor interno. Ha olvidado cómo se siente crear «de dentro hacia afuera».

Conclusión: Una Expresión que debe ser Cuidada

Mi labor en la Expresión Creadora es, fundamentalmente, de protección. Cuidamos este espacio para que la persona pueda experimentar la semejanza con la Luz original.

Al permitir que el trazo fluya sin juicios ni modelos externos, permitimos que la persona atraiga la luz que la vivifica. No enseñamos a pintar; protegemos el derecho sagrado de cada ser humano a comprender el Universo a través de su propia creación.