Harvard y el «dibujo infantil»
Recientemente, la ciencia ha puesto su foco en el dibujo infantil. La Dra. Claire McCarthy, pediatra vinculada a la Universidad de Harvard, señala que dibujar es fundamental para desarrollar las llamadas «funciones ejecutivas»: la atención, el autocontrol y la capacidad de resolver problemas.
Pero, como experta en Semiología de la Expresión, me pregunto: ¿Qué ocurre realmente en el cerebro y en el alma del niño cuando se enfrenta a la hoja en blanco? ¿Es solo lo que aparenta o es algo mucho más profundo?
El Torbellino: Del «Ruido» al Caos Sagrado
En mi libro «El Alfabeto del Alma», dedico un espacio vital a los dos principios de la Formulación que realiza un ser humano; uno de ellos es el Torbellino.
Desde la neurociencia de Lisa Feldman Barrett, entendemos que el cerebro está constantemente intentando dar sentido al «ruido» sensorial del mundo: el cerebro predice para organizar el caos. Nuestra percepción choca contra la Luz que nos circunda y le da sentido; la primera manifestación, antes de cualquier nombre, es el acto de dibujar. El niño traza impulsivamente un Torbellino sin saber lo que es, porque no lo necesita; solo necesita la experiencia de la Fuerza que se manifiesta.
A través de la sabiduría de la Qabalá, descubrimos que ese torbellino es el Tohu: la confusión sagrada. Al dibujar su primer torbellino, el niño no está «haciendo un garabato»; está manifestando el acto previo a la Creación.
En ese estado inicial:
- Su conciencia aún no ha puesto el foco en un punto concreto.
- Está percibiendo la información de la luz en forma de ráfagas y manchas de energía pura.
- Está traduciendo fuerzas invisibles en un trazo físico.
Redefiniendo el «Autocontrol»
Harvard habla de autocontrol. Pero, desde la Expresión Creadora, lo que vemos es algo mucho más elevado. Ese proceso que la ciencia etiqueta como «control» es, en realidad, el alma del niño conectándose con su punto central, su foco interior: es conexión.
El niño está permitiendo que sus fuerzas internas se manifiesten libremente, encontrando su propio orden desde dentro hacia afuera, conectado con la Luz.
La Expresión como Mecanismo de Vida
Cuando el niño experimenta la Expresión Creadora de esta manera, está siguiendo la forma natural el lenguaje de su psicobiología. No necesita instrucciones externas; necesita que su Expresión no sea interrumpida.
La ciencia tiene razón: el dibujo ayuda a resolver problemas. Pero el niño realmente está percibiendo la luz de Ein Sof, gotita a gotita, de donde procede toda sensación de completitud. Cada intervención externa (instrucciones, correcciones, juicios) corta esta conexión con el punto central.
Si convertimos el dibujo en una «tarea para el éxito», corremos el riesgo desconectar al niño y adulto del motor espiritual que lo hace posible. Por eso, esta expresión debe ser protegida y cuidada por encima de todo.
«Dibujar no es desarrollar capacidades para el éxito; es aprender a Ser para sentirse completo».
